147. MIEDO
Los tambores comenzaron de nuevo a repiquetear algo cadencioso, cuando de pronto vi aparecer a Dolores, toda vestida de amarillo, con una corona en su sien, múltiples pulsos de oro adornaban sus manos, collares hermosos de cuentas amarillas resaltaban en su pecho, unos grandes aros pendían de sus orejas, su cabellera negra ondulada caía como una cascada por su espalda. Se veía tan joven y bella que una exclamación de asombro salió de mis labios.
Estaba feliz, su baile era ondulante, provocativ