—Dímelo sin mentirme, Juli. Cuando te miras al espejo, ¿te gusta lo que ves?
El silencio de Juliana fue la primera respuesta.
Al otro lado del pasillo, Sebastián permaneció inmóvil junto a la puerta entreabierta. Debía marcharse, pero aquella pregunta lo retuvo con una fuerza incómoda. No se trataba únicamente de saber si Juliana se consideraba hermosa; necesitaba descubrir cuánto de lo que él y sus primos sembraron años atrás continuaba viviendo en la forma en que ella contemplaba su propio re