Durante el trayecto hasta la Villa Echeverría, Juliana sintió varias veces el impulso de devolverse. No porque dudara de lo ocurrido ni porque estuviera dispuesta a pedirle disculpas a Camila, sino porque cada estación del metro la acercaba al momento en que tendría que abandonar la única seguridad que conocía. Empezó a trabajar demasiado joven y, desde entonces, convirtió el esfuerzo en su manera de sobrevivir: si tenía miedo, trabajaba; si estaba triste, trabajaba; si el dinero no alcanzaba,