La mañana apenas comenzaba a iluminar los ventanales de la Villa Echeverría cuando Juliana cruzó las puertas principales. Había pasado gran parte de la noche despierta, no porque dudara de la decisión que había tomado, sino porque aceptar algo de Sebastián significaba enfrentarse a demasiadas cosas que durante años había mantenido enterradas.
Durante mucho tiempo se había repetido que jamás volvería a permitir que Sebastián tuviera nuevamente ningún tipo de poder sobre su vida, y que la única f