El trayecto hasta el hospital transcurrió envuelto en el sonido constante de la sirena y en las órdenes apresuradas de los paramédicos.
Juliana no soltó la mano de Sebastián ni un solo instante. Permaneció sentada junto a la camilla, viendo cómo trabajaban para estabilizarlo mientras Amanda, en silencio, observaba la escena desde el otro extremo de la ambulancia, todavía incapaz de comprender todo lo que acababa de suceder.
En cuanto llegaron al área de urgencias, las puertas se abrieron de gol