Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada. Sebastián sostuvo la mirada de Juliana, intentando descifrarla, pero su expresión seria no le daba ninguna pista.
La tensión en la habitación era insoportable.
Él esperaba un reproche, una lluvia de preguntas, algo que le confirmara de que había escuchado algo que no debía oir, y su mente ya estaba buscando mil maneras de explicar algo que ni siquiera sabía cómo justificar...
Pero entonces Juliana habló.
—Ya cumplí con mi parte. Ahora cumple