El trayecto comenzó en silencio. Un silencio incómodo, espeso, que parecía llenar todo el interior del automóvil.
Sebastián mantenía ambas manos sobre el volante mientras observaba la carretera. Varias veces estuvo a punto de decir algo, pero cada frase que se le ocurría sonaba forzada incluso antes de pronunciarla.
Fue Juliana quien terminó rompiendo el silencio.
—Había olvidado lo insistente que eres.
Sebastián desvió apenas la mirada hacia ella.
—¿Eso es bueno o malo?
—Depende de quién tenga