Juliana no podía moverse, pues las palabras de la profesora seguían repitiéndose en su cabeza una y otra vez.
Durante unos segundos, todo a su alrededor perdió sentido. Las voces del restaurante, el sonido de los cubiertos, la música suave que antes parecía envolver el lugar... todo desapareció.
Solo podía pensar en una cosa.
Amanda... su hermanita... la niña a la que le había dado un beso en la mejilla, antes de salir de casa... Alguien se la había llevado. ¿Pero por qué?
—Juliana.
La voz de