Desde que aceptó, Juliana intentó convencerse de que aquel almuerzo no significaba nada. Era solo una conversación. Eso era lo que se repetía una y otra vez mientras acomodaba las últimas cosas en la cocina. Sebastián había pedido hablar con ella, lejos de la casa, lejos de los oídos curiosos de la familia y de los empleados. No era una cita. No era nada parecido.
—Carmen —llamó mientras terminaba de guardar unos utensilios—. Necesito pedirte un favor.
La mujer levantó la mirada desde la mesa d