A las cinco de la mañana, el despertador sonó en la pequeña habitación, y Juliana abrió los ojos de inmediato. No necesitaba más de unos segundos para recordar todo lo que tenía que hacer antes de salir.
Con cuidado, se levantó para no despertar a Amanda, quien todavía dormía profundamente en la litera superior. La noche había sido corta, demasiado corta, pero no podía darse el lujo de quedarse unos minutos más en la cama.
Después de preparar el desayuno de su hermana, dejó lista la ropa del co