Sebastián bajó al comedor esperando encontrarlo vacío, y no se equivocó. La enorme mesa, preparada para recibir a toda la familia Echeverría, permanecía completamente silenciosa. Los cubiertos estaban colocados con precisión, las servilletas perfectamente dobladas y, en uno de los extremos, esperaba su desayuno.
Era extraño verlo allí a esa hora, porque el comedor era un lugar que rara vez elegía para comer. Prefería desayunar en la privacidad de su habitación o junto a la piscina, lejos del mov