26.

Axel se había tendido sobre el cuerpo de Myra para protegerla, varios trozos de madera le golpearon la espalda. Cuando la explosión se detuvo y la tierra dejó de moverse se pusieron de pie, los oídos de Myra pitaban como una olla a presión.

—No te transformes —le dijo él —así seremos más fáciles de ubicar —el sonido de las hélices del helicóptero se hizo más fuerte y una enorme luz que golpeaba la puerta hacía entrar líneas brillantes que se colaban por las rendijas. Instintivamente Axel se int
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