La cabaña olía a madera húmeda y a algo parecido al olvido.
Gael la había despertado antes del amanecer con una frase corta y sin explicación: *Nos vamos*. Valeria no preguntó. Había aprendido, en estas semanas de vigilancia y silencio, que las preguntas urgentes rara vez obtenían respuestas completas, y que las respuestas completas llegaban siempre demasiado tarde. Tomó lo que le señaló él —ropa, el cuaderno, la fotografía sin fecha— y salió al frío de la madrugada sin mirar atrás.
El trayecto