Mundo ficciónIniciar sesiónEl dolor llegó sin aviso, como todas las cosas que importan.
Valeria llevaba tres horas mirando el techo del hospital cuando la primera contracción la dobló desde adentro, una ola de presión que no pidió permiso ni anunció su llegada. Apretó las sábanas con los dedos hasta que los nudillos se le pusieron blancos y contó, como le habían enseñado a hacer en otro tiempo, en otra vida, cuando todavía cre&ia







