La fotografía no tenía fecha.
Eso fue lo primero que Valeria notó, antes de notar nada más: la ausencia deliberada de toda marca temporal, como si quien la guardó hubiera querido que existiera fuera del tiempo, suspendida en una especie de eternidad doméstica que no debía ser interrumpida por el detalle prosaico de un año. La encontró entre los últimos documentos del archivero que nadie había abierto en al menos una década —lo decía el polvo acumulado en el metal de las bisagras, lo decía el ol