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La mansión no la detuvo.

Eso fue lo primero que Valeria notó al cruzar el umbral de la entrada lateral, la misma por la que ella y Gael habían huido cuarenta minutos antes con los intrusos pisándoles los talones. El edificio la dejó pasar como si la reconociera, como si la piedra vieja y los pasillos oscuros supieran que esta vez ella no venía a esconderse.

Sabía que era una impresión. Lo sabía con la misma claridad

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