El silencio se volvió insoportable.
Valeria no podía apartar la mirada de Alejandro Vega.
Las palabras seguían repitiéndose en su mente.
“Decidimos que tú existirías.”
—Explícate —dijo con la voz firme, aunque por dentro todo temblaba.
Vega la observó con una calma inquietante.
—Siempre tan directa… igual que tu madre.
Helena dio un paso al frente.
—No tienes derecho a decir nada más.
Pero Vega la ignoró.
—Hace más de veinte años —continuó— el Consejo necesitaba algo más que control financiero.