El silencio dentro del refugio era absoluto.
Todos observaban a Helena mientras caminaba lentamente hacia la puerta sellada.
Afuera, Alejandro Vega esperaba.
Inmóvil.
Como si supiera que ella abriría.
Valeria dio un paso adelante.
—No puedes salir.
Helena se detuvo.
Sin girarse.
—Tengo que hacerlo.
Santiago frunció el ceño.
—Eso es exactamente lo que él quiere.
Helena apoyó una mano sobre el panel de seguridad.
—No.
Giró levemente el rostro.
—Lo que él quiere… es control.
Sus ojos se encontraro