FIEBRE
Tabar sintió que su corazón se paralizaba al entrar al Cuarto Blanco y ver aquella escena transcurriendo frente a sus ojos. Zarah se retorcía sobre su cama, cubierta de rasguños que no se desvanecían con la facilidad con que siempre lo hacían sus heridas. Munira y Deka la sostenían por las piernas intentando contenerla. Fausto trataba de sostener sus brazos para que el sanador pudiera verter un brebaje entre sus labios, pero los espasmos de su cuerpo eran tan fuertes que no lograban hacerla trag