Zarah se abrazó intentando unir los pedazos de su espíritu destrozado. Su voluntad había sucumbido con tal facilidad ante las caricias de Tabar que se dio lástima. Había estado días sosteniendo su papel indiferente sin flaquear ni una vez pero un roce de sus ásperas manos fue suficiente para desarmar sus defensas.
—Vete.
Las palabras salieron de sus labios con firmeza por más que no expresaran sus verdaderos deseos.
—Zarah…— No pensaba dejarse engañar por la voz temblorosa de Tabar. No e