Una vez que llegaron a la propiedad, Irina corrió a su habitación hecha un mar de lágrimas, lo que había descubierto aquella noche sobre su padre y su hermano la estaba destrozando.
Vendida, como si fuese un trozo de carne, Irina se sentía indignada, colocó seguro en la puerta, retiró el vestido y colocó sobre su cuerpo el pijama, se lanzó sobre la cama y con sus manos apretó fuerte la sábana.
—Ahora comprendo porque siempre fui tan poca cosa para ti papá, al parecer todo lo tenías planeado, c