Las lágrimas rodaban por las mejillas de Irina, su cuerpo temblaba deseando cerrar los ojos y al abrirlos que ya hubiese salido de aquella pesadilla en la que se había metido; tonta, estúpida y otras cuantas ofensas más se decía a sí misma por haber ingresado por sus propios medios hasta la boca de un feroz y hambriento lobo.
Era consciente que no iba a poder salir bien librada de aquella situación, así que la adrenalina comenzó a recorrer por todo su cuerpo, con el rastrillo lanzaba golpes po