Mientras la noche continuaba, las luces de la ciudad brillaban con intensidad, reflejándose en los cristales de los edificios y en los autos que recorrían las calles.
Rachel no podía dejar de sentirse en la cima del mundo.
La adrenalina aún corría por sus venas, y la euforia de la fiesta antes de la obra todavía la mantenía vibrante, como si cada aplauso y cada mirada del público hubiera sido una inyección directa a su autoestima.
El vestido que había usado para la gala aún la hacía sentir poder