Él estaba allí. Daniel. El hombre que había sido su cielo y terminó siendo su verdugo.
Él dio un paso al frente, con la mirada cargada de una desesperación que ella no reconoció.
Marianne, por puro instinto de supervivencia, retrocedió. Sus tacones resonaron contra el mármol, un sonido seco que marcaba la distancia que ella quería poner entre sus vidas.
—¿Se conocen? —La voz de Agustín Miles, profunda y autoritaria, resonó con fuerza, rompiendo el hechizo que la mantenía paralizada.
Agustín se