Daniel llegó al bar poco después, aun con la corbata floja, la camisa ligeramente arrugada y el cansancio de la junta financiera marcado en el rostro.
Había salido con prisa, con la mente puesta en una sola cosa: Marianne. En la promesa silenciosa de verla sonreír al cruzar la puerta, de encontrarla entre risas, con una copa en la mano y esa luz suave que parecía rodearla incluso en los lugares más ruidosos.
Apenas entró, buscó su figura de manera automática.
Nada.
Avanzó un par de pasos, recorr