Marianne sintió que el mundo se inclinaba bajo sus pies.
El eco de la palabra "embarazada" aún vibraba en el aire del baño cuando la puerta se abrió de golpe.
Camely entró con la mirada afilada, esa expresión de matriarca que nada deja pasar.
—¿He oído bien? —preguntó Camely, bajando el tono de voz a un susurro peligroso—. ¿De qué están hablando ustedes dos con tanto misterio?
El corazón de Marianne dio un vuelco.
Sabía que su madre aún guardaba un resentimiento profundo hacia Daniel; para Camel