Presagio o pesadilla.
Narra Camille:
El humo que emanaba de las paredes no era gris; era de un negro espeso, casi como una brea que se adhería a mi garganta que deseaba ahogar mis pulmones desde adentro.
Me encontraba en el salón principal de la mansión Auclair, pero no era la casa que recordaba. Las paredes de piedra se estaban derritiendo bajo el calor abrasador de un fuego que parecía alimentado por algo más que madera y muebles. Las llamas no consumían; devoraban con una consciencia cruel.
Y en el centro de aque