La muerte de la maldad.
Narra Raphael:
El calor del fuego negro y sofocante que devoraba la mansión Auclair, no era nada comparado con el infierno ardiente que estalló en el fondo de mi pecho en el preciso instante en que crucé el umbral del salón principal.
Mis ojos aguamarina no veían ya con claridad; estaban teñidos por una capa de sangre y una furia tan atroz, tan primaria y destructiva, que juré que en ese mismo segundo quemaría hasta las cenizas no solo este maldito lugar, sino el universo entero si con ello log