Los jinetes de la muerte.
Narra Raphael:
El estruendo del colapso final de la mansión Auclair dejó tras de sí una densa columna de humo negro que se elevaba hacia el cielo gris de la madrugada, mezclándose con las cenizas de un legado podrido por la ambición y la locura. Con Camille firmemente asegurada entre mis brazos, aparté la mirada de los escombros humeantes, pero una fría necesidad táctica me hizo detener el paso antes de ordenar la retirada.
Aún no podíamos marcharnos. Tenía que estar absolutamente seguro de que