La decisión.
Respiré, pero la antigua oveja dentro de mí busca una rendija para esconderse. Pero esta vez no, nunca más iba a permitir que me degradaran a un deber y a un vientre para dar a luz. Abrí la boca, para escupir sobre mi padre la respuesta ya nacida con dientes y colmillos, cuando el hombre a mi lado, se adelanta.
Raphael.
Su voz no es como la espada; es metal que vibra perfecto hasta que cualquier otro ruido siente vergüenza.
—Señor Auclair. — dice con elegancia, diplomático y firme. — No olvide