El triunfo anticipado. Parte 1.
Narra Juliette:
El té estaba caliente y ligeramente amargo; una combinación que, extrañamente, me resultaba reconfortante.
Me senté en la cabecera de la mesa del comedor, envuelta en mi bata de seda negra, rodeada por el lujo opresivo de la mansión Moreau. El silencio que reinaba en la estancia solo era interrumpido por el leve tintineo de la plata contra la porcelana y los susurros apagados de las sirvientas que, creyéndose fuera de mi alcance, murmuraban en un rincón.
—¿No es extraño? — decía