El precio del desprecio. Parte 1:
Narra Henri Auclair:
El aire en la habitación de la mansión Moreau no era simplemente frío; era un aire viciado, cargado con el olor de los lirios marchitos y el peso de una perdida que, aunque había sido imposible de prevenir y fue inesperada, había desequilibrado la balanza de poder de una forma que ni Vicenzo ni yo habíamos previsto.
Me apoyé contra el alféizar de la ventana, observando cómo las antorchas en el patio exterior se balanceaban bajo el azote de una brisa nocturna que presagiaba