El precio del desprecio. Parte 2:
Desprecié a Camille desde el primer momento en que abrió los ojos, porque su nacimiento me costó la vida de mi esposa. La convertí en mi chivo expiatorio, en la causa de todas mis desgracias. La alejé de mí, la humillé, la puse en manos de los Moreau como si fuera un simple peón, y al final, la arrojé al exilio pensando que ella no tenía ningún valor.
Qué idiota fui.
Miré mis manos, que antes sostenían el poder de una manada, y ahora solo sentían el frío del arrepentimiento. Si Camille poseía r