Cambiando el juego. Parte 2.
Raphael dejó el paquete sobre la mesa. Estaba envuelto en un papel oscuro, sellado con cera roja, la marca indiscutible de la casa Moreau.
—¿Qué dice? — pregunté, acercándome lentamente.
—No lo he abierto. — respondió Raphael, y vi cómo sus manos se cerraban en puños. — Pero no me gusta. Nada que venga de esa casa trae paz, Camille. Si quieres, puedo tirarlo al fuego ahora mismo. No me importa si es un regalo o una advertencia; no voy a permitir que te ponga en peligro. —
Lo miré. Raphael estab