Cap. 21
Pov Lilian
El clic metálico que suena en cuanto Alonso me quita la esposa resuena demasiado fuerte. Alonso retira la esposa de mi muñeca con una lentitud exagerada, casi como si disfrutara el momento. En cuanto el metal deja mi piel, siento una intranquilidad en el pecho. Sí, soy “libre”, pero las palabras de Alonso sobre el castigo aún resuenan en mí.
Observo cómo Alonso guarda las dos esposas en el bolsillo interno de su saco, casi como si fueran un detalle insignificante. Me observa sin prisa, como si evaluara mi reacción, esperando cualquier movimiento o pensamiento intrusivo que pudiera provocarle las ganas de imponer un castigo. Pero no hago nada.
No quiero arriesgarme a aceptar uno de sus tontos castigos ni siquiera por reprocharle.
—Bien, entonces pondré las reglas — menciona Alonso con evidente diversión.
Mi rostro debe parecer un completo poema; no esperaba que Alonso quisiera poner reglas. De inmediato protesto:
—¿Reglas? ¿Acaso crees que no puedo cumplir mi palabra? — menc