Punto de vista de Elena
Al respirar, el aire de mi apartamento se sentía tenue, desprovisto del intenso aroma a caoba de la oficina y de la tensión eléctrica y palpable de la presencia de Mason.
Desde que llegué a casa, había pasado la última hora caminando de un lado a otro sobre el suelo de madera, el rítmico clac-clac-clac de mis tacones reemplazado por el silencioso y sigiloso paso de mis pies descalzos.
Me había frotado los labios hasta dejarlos en carne viva, intentando borrar las huellas