Punto de vista de Elena
En cuestión de minutos, el silencio de la oficina del director ejecutivo ya no era el vacío cargado y asfixiante del beso que casi nos había aniquilado. Se había transformado en algo distinto.
Ahora era una densidad pesada y profesional, como el casco presurizado de un submarino. Estábamos en las profundidades del océano, y lo único que parecía impedir que las paredes se derrumbaran era la misión que compartíamos.
Teníamos una guerra que ganar.
Terminé de abotonarme la b