Punto de vista de Elena
Comencé a caminar de un lado a otro en ese preciso instante.
Los tacones de aguja de diez centímetros que en la sala de juntas se sentían como armas, ahora se sentían como grilletes, amenazando con hacerme tropezar con cada paso errático que daba sobre la alfombra persa.
"No puedo respirar", jadeé, llevando mis manos al cuello de mi blusa de seda, tirando de la tela como si me estuviera estrangulando. "Mason, no puedo respirar".
"Elena", dijo Mason con preocupación, deja