Punto de vista de Elena
El trayecto desde mi dormitorio hasta el salón no me pareció tanto un simple desplazamiento como un desfile por la pasarela hacia territorio enemigo.
No sé por qué me lo pareció. Simplemente sabía que era así.
Mis tacones resonaban contra el suelo de madera —clac, clac, clac—, una percusión aguda y rítmica que anunciaba mi llegada incluso antes de que doblara la esquina.
Era como si mis zapatos quisieran que todo el mundo supiera que había cambiado la suave y vulnerable