Punto de vista de Elena
Me retiré a mi habitación con el plato de tostadas apretado contra el pecho a modo de escudo, caminando con la mayor calma posible hasta que la puerta se cerró con un clic a mis espaldas.
Solo entonces exhalé. Y volví a exhalar.
El aire de la cocina y luego del pasillo se me había hecho irrespirable, cargado de una electricidad estática que me erizaba los pelitos de los brazos.
Dentro de mi habitación, la atmósfera estaba en calma, pero mi mundo interior era un huracán.