Punto de vista de Elena
Me quedé mirando el mensaje durante un largo y tortuoso minuto, preguntándome qué responder. Al principio, pensé que quizá estaba exagerando y que debería calmarme de una vez.
Pero entonces, esa risa volvió a mi cabeza, como si se deleitara atormentándome, y tras ella llegó la rabia.
Maldito seas, Mason, murmuré. Maldito seas tú y esa mujer de la risa y la voz.
Entonces, por fin, le respondí, con los dedos volando con furiosa precisión.
> No vengas. No estoy en el piso.