90. La advertencia del anciano
La taza de café que tenía en la mano se resbaló de mis dedos y golpeó el plato sobre la mesa. El café se derramó sobre la impecable madera. Intenté ponerme de pie para alejarme de aquel hombre; ni siquiera sabía por qué. No porque me repeliera su presencia, sino porque la impresión de aquella confesión me cortó el aliento, y tal vez necesitaba recuperarlo de alguna forma.
Pero él me sujetó con fuerza de la muñeca, obligándome prácticamente a sentarme nuevamente en el mueble.
— Escúchame muy bi