54. Propuesta en la oscuridad.
Me quedé ahí, de pie, en medio de la calle, junto al auto, observando directamente a Máximo.
— No recuerdo de qué tenemos que hablar — le dije con sinceridad.
Él lanzó un enorme suspiro, como si de verdad estuviera cansado de toda esa situación. Probablemente así lo fuera. Los ojos azules claros de Máximo seguían puestos sobre los míos, como si de verdad esperara que yo pudiera prácticamente leerle la mente.
Así que preferí dar la vuelta, rodeando el auto, y subirme al asiento del copilot