Cap. 26: ¡No le grite a mi hermano señor ogro!
Margaret bajó del vehículo como un huracán. No tocó dos veces. Cuando se trataba de proteger lo suyo, no había protocolo que la detuviera.
Una empleada abrió la puerta.
—La señora Megan está en la sala —informó.
Margaret cruzó el vestíbulo con paso firme, el bolso en una mano y el ceño más fruncido de lo habitual.
Apenas entró, Megan se puso de pie, ya en modo frágil.
—¿Cómo que esa inmunda apareció? —fue lo primero que preguntó Margaret—. ¿Cómo lo sabes?
—Estuvimos en el mismo restaurante anoc