Cap. 252: Una esposa fugitiva. Un abogado prohibido.
Cap. 62: El veredicto.
Los integrantes del jurado guardaban silencio absoluto. Algunos tenían los nudillos blancos por la tensión con la que apretaban sus brazos. El juez miraba al acusado con asco mal disimulado.
—Solicito —prosiguió Axel— que se le revoque inmediatamente cualquier derecho de patria potestad sobre la menor Nina Crowe. Este hombre no es un padre. Es un impostor. Un riesgo latente. Y una condena viviente para todo lo que toca.
Richard alzó las manos como si aún tuviera algo que decir, pero el juez golpeó con fuerza el mazo.
—Suficiente. El tribunal ha escuchado.
La sala se encontraba en un silencio sepulcral.
Los murmullos, las respiraciones contenidas, el zumbido lejano del aire acondicionado, todo parecía amplificado por la tensión que flotaba entre las paredes del tribunal más implacable de Nueva York. El juicio había sido un escándalo nacional. La caída de Richard Crowe, o mejor dicho, Sebastián Gael Montoro Briseño, estaba a punto de consumarse.
Aria temblaba le