Cap. 138: Detalles que enamoran.
La sala de reuniones improvisada en el pabellón psiquiátrico no tenía ventanas. Las paredes, acolchadas y asfixiantes, eran parte del juego. Todo debía parecer real.
Richard Crowe cerró la carpeta de documentos y entrelazó las manos sobre la mesa. Megan, sentada frente a él, lucía un suéter gris demasiado grande, el cabello recogido con descuido y las uñas sin esmalte. A simple vista, parecía apagada.
Pero solo era actuación.
—Otra vez —ordenó él, con tono severo—. Desde el principio. ¿Cómo resp