Cap. 127: El jefe y sus antojos raros.
El ascensor se detuvo con un suave ding, y Marie salió casi de puntillas, con la espalda rígida y el estómago revuelto. Apretaba contra el pecho su bolso y una pequeña botella transparente con agua tibia y rodajas de limón flotando. Había leído que eso ayudaba con las náuseas matutinas… pero no estaba segura de sí era verdad o un placebo desesperado.
Atravesó la oficina sin mirar a nadie, evitando cualquier contacto visual. Sentía que tenía un enorme cartel colgado del cuello que decía: Estoy e