Cap. 119: Lagunas mentales.
El pitido del monitor cardíaco seguía un ritmo regular, pero algo en el ambiente había cambiado.
April parpadeó otra vez, y al ver a Logan tan cerca de su rostro, retrocedió instintivamente.
Su ceño se frunció.
—¿Qué haces aquí? —preguntó con voz rasposa, desorientada—. No quiero verte.
Logan quedó inmóvil. Su sonrisa de alivio se evaporó. Su garganta se cerró como un nudo de piedra.
—¿Qué…? —balbuceó, aún inclinado hacia ella.
—¡No quiero verte! —repitió April, con más fuerza—. Tú… tú querías