Leonardo avanzaba con cautela por el pasillo lateral de la casa, el arma firme en su mano. Sus pasos eran silenciosos, calculados, pero su mirada buscaba desesperada una a Harry o a Ariana.
Entonces la vio.
Harry la arrastraba con brutalidad hacia la salida trasera, sujetándola del brazo con tanta fuerza que los nudillos se le veían blancos. Ariana tropezaba, apenas podía mantenerse en pie, pero aun así se resistía, clavando los talones contra el suelo, forcejeando con lo poco que le quedaba de