Leonardo no le dio tiempo a terminar la frase. La tomó de la cintura con decisión y la besó, un beso profundo, cargado de todo lo que había callado durante demasiado tiempo.
No fue apresurado ni torpe; fue intenso, sincero, como si en ese gesto estuviera pidiéndole perdón y prometiéndole un futuro al mismo tiempo. Ariana dejó escapar un suspiro suave, sorprendido, y por un segundo se permitió olvidar el miedo, el dolor, la huida.
—Vaya —comentó Mónica desde atrás, divertida—. Ahora comen delan